Un problema que se ha ido incrementando a una velocidad alarmante en México y el mundo es la diabetes, una enfermedad que en un principio puede ser silenciosa y que no muchas personas toman conciencia para prevenirla, pues creen que nunca les pasara, pese a que en su familia hay antecedentes y esta es una enfermedad que puede ser hereditaria, así que hay que estar conscientes de las probabilidades que tenemos de padecerla.

Recuerdo que hace un par de años mi padre tuvo problemas de pie diabético y las complicaciones lo llevaron a estar internado un día, este fue la clave para que decidiera cambiar su vida y la de todos nosotros, su familia, pues no quería que sufriéramos lo mismo que él. Así que tomó algunas medidas para que todos siguiéramos y las cuales les quiero compartir por si ustedes se encuentran en una situación similar.

Como bien le recomendó el doctor le dijo que lo primero que tenía que hacer era cuidar su alimentación, por lo que prohibió que en la casa hubiera exceso de azúcar, por lo que la panera que usualmente estaba llena con donas Bimbo, mantecadas o algún otro producto, ahora está vacía, de vez en cuando hay algún pan, pero conforme avanzó el tiempo decidimos utilizarla para guardar otras cosas, ya que le pan dejó de existir. Los cafés con tres cucharadas de azúcar también sucumbieron, preferimos buscar algún tipo de café para hacerlo en la cafetera y que tuviera un sabor que nos gustara a todos y no necesitáramos azúcar. Y así lo dulce fue desapareciendo paulatinamente.

Lo que siguió fue mejorar su actividad física, la cual era inexistente en la mayoría de los miembros de la familia, a excepción de mi hermano, quien iba al gimnasio. Ni mis padre ni yo queríamos ir al gimnasio, por lo que tuvimos que buscar otra opción y la mejor fue salir a caminar y trotar. Esto también nos sirvió para que los fines de semana nos fuéramos los cuatro juntos al Parque Naucalli o alguno otro y además del ejercicio pasábamos un rato agradable. Después de algunos meses, los cambios en cada integrante de la familia eran notables, bajamos de peso y mis padres ya no se cansaban al caminar distancias largas.

Pero lo más difícil para mi padre fue dejar de fumar, un vicio que tanto él como yo teníamos desde muy temprana edad, así que sí el ya había decidido dejar el cigarro, tenía que apoyarlo, como forma de agradecimiento por todo lo que él hizo por mí a lo largo de mi vida, así que entre los dos, con apoyo mutuo podríamos dejar un vicio tan difícil de erradicar. Sufrimos los primeros meses, incluso recaímos, pero con mucha fuerza de voluntad y con palabras de ánimo por parte de mi hermano y madre nos ayudaron hasta que logramos dejarlo, y hasta el momento no hemos recaído.

No dejes que sea demasiado tarde para cambiar tu estilo de vida, no permitas que tu cuerpo toque fondo para que decidas recomponer el camino. Luchemos juntos contra la diabetes y tengamos una mejor calidad de vida.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *