La semana pasada enviamos a un séquito de nuestra empresa para escoger, en una venta de aviones, un avión para transporte de carga que pudiera aliviar a la pequeña flota que tenemos en estos momentos. Para que esto sucediera, era necesario una investigación rápida de los aviones presentes acompañado de una deducción formada por las matices de nuestras necesidades. Sin embargo, cuando llego el final de la exposición, nuestro equipo aún no había escogido nada, por lo que tuve que hacer todo yo vía telefónica tras leer los informes presentados por uno de nuestros hombres.

En esta instancia, como en muchas otras, he notado el problema que causa la plaga de la duda, una plaga que entre más se presenta más se reproduce si no es que se arranca desde la raíz y se avienta al fuego. Sin embargo, el arrancarle desde la raíz es una ciencia que no todos podemos formular y aquellos quienes más dudan se debe a que no han puesto atención  a esta condición humana que nos es nata por naturaleza pero que nos puede deshacer poco a poco como el tiempo consume todo lo que toca.

La duda tiene su origen en los tiempos más remotos cuando los antiguos humanos de los árboles y cavernas comenzaron a darse cuenta debido a constante prueba y error que había que pensar las acciones dos veces antes de tomarlas ya que un paso en falso por muchos siglos significaba la extinción de la vida ergo el cuerpo y la mente formaron condiciones inéditas de supervivencia que dieron como resultado lo que hoy en día conocemos como una duda.  Sin embargo, los tiempos y sus necesidades cambian con el paso de los siglos y milenios.

Todos los hombres de capacidad intelectual moderada comprendemos que la evolución en cientos patrones de comportamiento es más que necesaria para poder en su lugar desarrollar habilidades adaptadas para derrotar los desafíos de los tiempos en los que vivimos, de la misma manera en la que nuestros ancestros lo hicieron en su momento a solidificar el factor de la duda en su vida diaria. Asimismo,  la evolución de nuevos patrones de comportamiento no tiene ni deben de borrar viejos términos genéticos por completo lo que sucede en el caso de la duda ya que algo de esta es necesario en las operaciones diarias para evitar caer en la ingenuidad.

Sin embargo, cuando esta predomina o existe en niveles más altos que moderados entonces se convierte en un obstáculo fuerte para el progreso diario. Cuando esto no sucede entonces la duda es un síntoma, además de una falta de evolución,  de un desorden mental importante algo que puede ser la tumba acabada por manos propias de quienes la padecen en la mayoría de las industrias.  Esto es debido a que pocas cosas se aprecian tanto como claridad de mente para el diagnóstico y solución de problemas.

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