Hay veces que la vida te pone retos y te obliga a realizar cambios que pueden significar un retroceso económico, pero que con el tiempo podrías darte cuenta que fue la mejor decisión para mejorar tu calidad de vida. Algo así me pasó hace ya unos cuantos meses y quiero compartirles mi historia. Les prometo ser breve para no aburrirlos.

Comencé trabajando para una editorial, fue mi primer empleo después de terminar la carrera e inicié como asistente en entrenamiento, es decir, becario. Estaba fascinado, pues era uno de los lugares a los que quería entrar desde que me gradué y lo conseguí. No me importaban las dos horas o hasta tres que me hacía de camino. Sí, dos de ida y dos de regreso, había días que hasta tres. Debía cruzas toda la ciudad para llegar, pero aun así me encantaba. El amor fue incrementándose cuando antes de cumplir el año recibí mi primer ascenso y año y medio después el segundo y último. Conforme avanzaba el tiempo mis horarios fueron cambiando, al grado de tener uno en el que entraba a las dos de la tarde y salía a la media noche, por lo que llegaba a casa hasta la una o dos de la mañana. Esto comenzó a hacer mella en mi cuerpo y en mi espíritu, pues me estresaba, estaba molesto con todos, ya no tenía ganas de salir y sólo quería estar durmiendo o encerrado en mi habitación. Además de que ya no veía a mis padres y me estaba alejando poco a poco de ellos.

Exhausted businessman holding a telephone in his office

Traté de todas las formas de que me cambiaran el horario y nunca aceptaron, ya que consideraban que aportaba más en el horario vespertino que en el matutino. Aguanté un par de meses más así y tomé la decisión de irme. Me ofrecieron dos mil pesos más para quedarme y no los acepté, pese a que había encontrado un trabajo a media hora de mi casa y con un horario muchísimo mejor. Estaba cambiando el dinero por la cercanía. A las tres semanas de mi salida me enteré de que a los que estaban en mi puesto les subieron el sueldo tres mil pesos más. Eso me llenó de rabia y comencé a pensar en que había tomado la decisión equivocada, además de que había recurrido a una de esas empresas de préstamos urgentes pues había entrado en un bache económico y eso empeoraba mi malestar. Decidí tranquilizarme, dejar mis celos y la envidia fuera para poder pensar con claridad, y así fue.

Tres mil pesos más no me iban a ayudar demasiado si seguía igual de estresado, quizá sólo me motivarían un par de meses y todo volvería a la normalidad. Además estaba conviviendo más con mi familia, dormía mejor, descansaba más y tenía vida social, la cual había perdido gracias a mi antiguo empleo. Puse todo eso en una balanza y resulta que tomé la decisión acertada, ya que ocho meses después recibiría un ascenso y un aumento, por lo que ahora ganó más de lo que les subieron en la otra empresa, por lo que tengo mejor calidad de vida y mayor cantidad de dinero, aunque tardó un poco en llegar, pero al final sirvió para reafirmar la decisión que tomé. También confirmó que hacer algo sólo por el dinero no siempre es lo mejor, hay que anteponer otras cosas como la salud, la familia y la calidad de vida.

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